dijous, 24 de setembre del 2009

CastellfortDocumento de Microsoft Word - Google Docs

CastellfortDocumento de Microsoft Word - Google Docs: "EN TORNO A LA ERMITA DE SAN PEDRO DE CASTELLFORT



A Miguel García Lisón, maestro y amigo



Arturo Zaragozá Catalán



En la civilización romana a los lugares con carácter se les suponía que tenían un genius loci o espíritu guardián del lugar. Actualmente utilizamos este término para designar la personalidad de un paisaje y/o arquitectura. Conozco muy pocos lugares con un genius loci tan acusado como el conjunto del paraje y la ermita de san Pedro de Castellfort. En realidad no puede imaginarse el uno sin el otro. Al verlo tampoco extraña que durante cientos de años, miles de personas, hayan peregrinado a este lugar para pedir o agradecer favores al cielo. No es de extrañar que en un enclave tan peculiar y falto de noticias documentales, las leyendas crezcan, como las plantas, entre los sillares. La suerte quiso que me viera en la obligación, por mi oficio, de restaurar la ermita. Tuve por tanto que conocer, lo mejor que era posible, el edificio y su historia. Recogí dos leyendas que contaré entre una breve descripción del edificio y una somera historia de su restauración: La leyenda de don Blasco y un sorprendente sucedido durante las obras; la lagartija de dos colas.



La ermita de San Pedro de Castellfort está situada en una de las crestas de la parte meridional del macizo de Els Ports de Morella, a 1282 metros de altitud. Se localiza junto a una vereda de ganado. Queda cercana al Kilómetro dos de la carretera local que une Castellfort con las localidades de Ares y Villafranca.



Su característica silueta se recorta sobre un paisaje de rala vegetación, austeros roquedales y largas paredes de piedra en seco. En la amplia 'antuixá', o ensanchamiento, que el 'lligall', o vereda de ganado, forma frente a la ermita se sitúa una era. Separada del ermitorio por una estrecha calleja, y al sur del mismo, se disponen los corrales de ganado de la masía adosada a la ermita. Al carecer de fuentes el lugar, el agua se recoge en un aljibe abovedado que se sitúa tras la ermita. El agua se recoge de las cubiertas. Un 'Peiró' o cruz de piedra que reconstruimos a partir de algunos fragmentos existentes, y que está situado en la misma vereda a un kilómetro de la ermita completa el lugar. Esta pese a su soledad denota estar en un territorio humanizado desde antiguo.



La situación estratégica de la ermita, y su dominio del territorio la convierten en uno de los hitos de la accidentada comarca en la que se ubica. Las construcciones, las leyendas y las tradiciones que conserva, así lo demuestran.




LA LEYENDA DE DON BLASCO



Cuenta una antigua leyenda referida al conquistador y señor de Morella don Blasco de Alagón (su muerte se ha establecido hacía 1244), recogida por el erudito (nacido en Castellfort) Segura Barreda, que En uno de aquellos días en que el Señor de Morella se gozaba en visitar las obras de Villafranca, como creación suya, al regresar a esta plaza se vio en los mayores apuros. Cruzaba la alta Sierra de Espino, cuando la nieve caía en abundancia. D. Blasco, acompañado de algunos escuderos, se esforzaba para llegar al fondo del barranco Ullanes (Torre Segura), pero la nieve que se aumentaba por grados embarazaba a los escuderos y fatigaba a su caballo. Las tinieblas de la noche aumentaban los peligros y la fatiga y un fuerte viento levantando la nieve envolvió a los caminantes entre sus remolinos. Oscuro el cielo y envueltos los viajeros en el caos, en vano forcejeaban para salir del inminente peligro. Cuando ya desmayaban, cuando su esperanza no encontraba un remedio, allá a lo lejos sonó una campana, cuyo eco se apagaba entre la nieve de la montaña. Aquel mágico sonido penetró en sus corazones, reanimó sus abatidos espíritus y cobrando fuerza se dirigieron hacia donde venía la voz de socorro. D. Blasco dejó su espada clavada en la nieve y levantando sus ojos ¡Oh! dijo, si Dios quiere que salga de este apurado trance, en el lugar en donde suena esa campana, colocaré otra, cuyo eco llegue hasta las riberas del mar y animados siguieron sobre la nieve, cuando una luz, que apenas brillaba entre los copos que el viento hacia revoltear en el aire, arrancó del corazón de D. Blasco estas palabras -nos hemos salvado-. La campana era la da una ermita mozárabe, dedicada a San Pedro Apóstol, sobre aquel monte, y la luz la señal de socorro, que en días de borrasca colocaba el solitario ermitaño sobre una espadaña de la capilla.1



La leyenda que he transcrito se tejía en torno a la existencia de la antiquísima ermita y de la cruz de piedra, que todavía se denomina 'Peiró d'En Blasco” ó 'Piroblasco'. Esta se tiene como construida sobre el lugar donde quedó clavada la espada del guerrero. También en la creencia de que las campanas de la torre de la Iglesia Parroquial de Castellfort fueron fundidas con el metal de una de gran tamaño que había en tiempos pasados en la ermita de San Pedro.





El legendario relato que he transcrito pasó a tener caracteres de suceso histórico al publicar el historiador Betí Bonfill tres documentos, el primero datado en 1425, consistente en la capitulación convenida entre los maestros campaneros Antonio y Guillem Martí, franceses, y el cura de Castellfort y 'sagristá' de la ermita de San Pedro, con objeto de refundir la campana de ésta. En el documento se especifica que la nueva campana debía ser de veinticinco quintales de peso, más los que se añadirían por merma de la refundición.2





La existencia de una campana de notable peso -1.329 Kg.- era inexplicable en una perdida ermita como la de san Pedro, pero habría tenido lógica si la relacionábamos con la correspondiente promesa que la leyenda atribuye a don Blasco. La presencia de la campana tuvo otra posible constatación: al realizar el levantamiento de planos de la ermita, pudimos comprobar que a los pies de ésta, y en el muro norte, se encuentra un grueso macizo de dos por cinco metros en planta, construido con una fuerte fábrica de sillería, que contrasta con la más débil mampostería vecina y que únicamente podía tener utilidad como base de una potente espadaña destinada a soportar la pesada campana de la leyenda.3





Una noticia carente totalmente de fiabilidad, pero que no debe omitirse, es una historia oída a una persona mayor, hace muchos años, en Vinaròs, junto al mar. Esta persona relataba que en determinados días y circunstancias de viento, se oía el lejano sonido de una campana muy lejana procedente de las montañas del interior.



LA ERMITA DE SAN PEDRO



El ermitorio queda recogido bajo una sola cubierta de teja, dispuesta a dos aguas. A pesar de este manto único que la acoge la construcción esta formada por dos partes claramente distinguibles: el templo y una masía-hospedería añadida al carasol de ésta.



La iglesia es de una sola nave, con la cabecera dirigida a sol naciente. Se compone a su vez de dos partes bien diferenciadas por sus fábricas y por su forma de cubrición: el ábside y la nave. El ábside es ochavado, con contrafuertes exteriores y queda separado de la nave por un arco apuntado. Se cubre con una bóveda de crucería, en la que los nervios parten de columnas adosadas al muro; los capiteles de éstas ostentan, toscamente labrados, temas diversos: la flor de lis, algún animal fantástico, un león rampante, un mono, una cabra, piñas y temas de lacería. Los nervios se cierran a su vez en una clave decorada con una estrella de lazo. Las plementerias son de piedra y llevan las hiladas no perpendiculares a los muros, sino a espinapez, como en la coetánea arquitectura inglesa. La iluminación procede de dos largas saeteras situadas en los paños este y noreste, y de una ventana de mayor dimensión, formada por arco apuntado, moldurado y con las tracerías perdidas, situada en el lado sur. La fábrica es de sillería, de piedra caliza local, señalada con marcas de cantería, entre las que podemos identificar siete tipos diferentes



La nave está formada por cinco tramos y se cubre gracias a cuatro arcos de diafragma, de trazado apuntado y centros en los tercios de la luz. Sobre los arcos descansa la cubierta de madera, que se dispone a dos aguas. La fábrica de la nave está formada por muros de mampostería tomada con argamasa de cal, exceptuando los arcos, que son de sillería de piedra desbastada y sin marcas.



Se accede a la ermita por dos puertas: la mayor está situada a los pies y esta formada por un arco de medio punto dovelado, sin decoración, en el que se lee la fecha 1569. La segunda puerta, de menor tamaño, está situada en el paramento sur, en la tercera crujía, y está formada por un arco de medio punto, dovelado, con un bordón en la parte inferior y recercado el extradós. El arco parte de una imposta decorada con palmetas de tradición andalusí y rostros parlantes componiendo un conjunto de neta tradición románica.



Los pavimentos tienen particular interés ya que están formados por un enroscado de guijarros que forman alfombras con dibujos de roleos y vesica piscis o vejiga de pez. El virtuosismo del dibujo y la calidad de la ejecución, sólo son comparables con los pavimentos de la ermita de Santa Lucía, también de Castellfort, de la Puritad de Morella y de la Virgen del Cid de Iglesuela. Todas ellas están situadas en un radio de quince kilómetros.



Creo que vale la pena recordar que en estas tres ermitas hay pavimentos que reproducen, con asombroso virtuosismo, laberintos circulares similares a los existentes en la llamada casa del laberinto de Pompeya y al de la catedral de Chartres. Hay noticia de un grupo de artesanos franceses, expertos en extender pavimentos formados con piedras de río, que construyeron por las comarcas de Morella y el Maestrazgo unos bellísimos pavimentos de este tipo durante el siglo XVI. En la misma población de Castellfort, pueden verse en las entradas de algunas casas, dispuestos también a modo de alfombras, pavimentos del mismo tipo que reproducen otros más sencillos laberintos. A este grupo de pavimentistas, dignos de merecer un estudio monográfico, deberán atribuirse los pavimentos de la ermita de san Pedro.



La masía-hospedería, es construcción añadida al resguardo de la ermita y consta de dos plantas. En la inferior se disponen los establos, un lagar y parte de la vivienda de los masoveros. En ella se abre la que debió ser la puerta principal de la hospedería, formada por un arco de medio punto dovelado, que lleva la leyenda /2 mag/ 1631 / antoni brel /.



En la planta piso se distribuyen varias alcobas y una sala que se adorna con una cartela en el que se representan las llaves de San Pedro y la fecha 1687. Dicha estancia se ilumina con una ventana con festejadores en la que aparece inciso el año 1579 .




CONTRUCCIONES, RECOMPOSICIONES Y AÑADIDOS



Aunque la ermita de San Pedro de Castellfort aparece frecuentemente en la documentación medieval comarcal, lo hace por regla general, en forma de legados piadosos de cláusulas testamentarias. Desconocemos noticias de archivo referentes a su construcción. El problema de la datación de sus partes, presenta una mayor dificultad al ser construcción rural, donde las formas adquieren una mayor inercia. Por otra parte, las distintas fechas grabadas en dinteles, portadas y pavimentos demuestran que las recomposiciones y añadidos han sido constantes a lo largo de su existencia.



La noticia documental más antigua referente a la ermita aparece en un legado testamentario del año 1321 en Catí. En esta fecha el prohombre catinés Arnau Segarra, fundador del hospital de esta población deja un legado a “Sant Pere de Castellfort”. En otro de los muchos legados testamentarios, también de Catí, datado en marzo de 1346, se cita expresamente la romería que anualmente va desde esta población a la ermita de san Pedro de Castellfort.5 Del año 1425 son las referencias, antes citadas, de la refundición de las campanas.



La última noticia documental medieval ha sido suministrada por don José Eixarch Frasno: en 1494 el justicia y consejeros de Castellfort contratan con un fraile dominico para servir al altar de la ermita, obligándole a construir un “retaule ó retaulet”. Este retablo sería el que según una noticia de Mosén Manuel Miralles se trasladó en 1599 a la ermita de Nuestra Señora de la Fuente.4



El análisis arqueológico de la arquitectura, permite comprobar que nos encontramos ante una yuxtaposición de diferentes estructuras: el ábside abovedado y una nave de arcos de diafragma y cubierta de madera. El ábside correspondería a una iglesia abovedada, construcción de empeño por sus características, en la que la cabecera poligonal con contrafuertes y bóveda de crucería, podrían adscribirse a un gótico muy temprano en el área valenciana. Por otra parte las proporciones, la decoración, el molduraje y las recias columnas son deudoras de la tradición románica, lo que igualmente puede decirse de la portada lateral. Estas partes pueden datarse en época inmediatamente posterior a la conquista cristiana. Formas similares pueden verse en las iglesias arciprestales de Burriana y de Morella, o en el monasterio de Santa María de Benifassá, construcciones todas ellas comenzadas en el siglo XIII. La nave, construida con fábricas de menor calidad y diferente organización de la obra (no llevan marcas los sillares) corresponde a una iglesia con cubierta de madera sobre arcos de diafragma. Su datación es difícil por lo intemporal del sistema. No obstante, la situación de la portada románica, encastrada en el muro lateral, hace pensar que sea una construcción muy poco posterior al ábside, sino es coetánea.



La nave, inicialmente de cuatro tramos, sería crecida en uno más en 1569 (las fábricas y dimensiones de esta última crujía son diferentes). Al ampliar la nave se abrió una nueva puerta a los pies que lleva esta última fecha. Esta operación permitió adosar la masía-hospedería a la iglesia en el lugar que ocupaba un porche que es citado documentalmente. Corroboran lo dicho las fechas de 1579, 1631 y 1687 que ostenta la masía. La construcción de ésta obligó a reconstruir las cubiertas de la Iglesia hasta englobar en una misma pendiente las dos construcciones, tal como hoy se ve.





UN ASPECTO PENOSO



Cuando me incorporé a la inspección de Patrimonio Artístico de Castellón en 1984 una de las primeras visitas que realicé fue a la ermita de san Pedro. Tanto la parroquia, el ayuntamiento, como los participantes en las romerías que acuden a la ermita tenían especial interés en su restauración. La razón era evidente. El aspecto de la ermita era penoso. El ábside tenía grandes grietas y desplomes en sus muros que señalaban que se había abierto. La cubierta mostraba claramente estar recrecida y ser impropia. Al interior, un altar de yeso moderno e inadecuado ocultaba el ábside. Las cubiertas del resto del ermitorio no estaban en mejor estado de conservación. Un rebaño de ovejas ocupaba casi toda la planta baja de la hospedería y, con naturalidad, eventualmente, se alojaba en la misma ermita.



El proyecto de obras de restauración lo realizamos Miguel García Lisón y yo mismo. Recuerdo la trabajosa toma de datos en el verano de 1986. En aquella ocasión nos quedábamos a dormir en el cercano ermitorio de la Mare de Deu de la Font. El sistema de iluminación que había entonces consistía en una solitaria bombilla colgando de un cable trenzado en la sala de las pinturas del siglo XVI. La falta de luz nos obligaba a andar por la noche con linternas y palmatorias. El circular con luces tan focalizadas propició el descubrimiento de una serie de trazas incisas en la base de las pinturas de la sala. Las trazas se correspondían con elementos arquitectónicos del mismo edificio. El papel de seda de la tintorería que envolvía unos pantalones nos permitió tomar esta improntas tan interesantes para la historia del dibujo.



El proyecto de restauración de la ermita de San Pedro consistió en el recalce de la cimentación del ábside en la zona recayente al aljibe. En este lugar la roca del terreno tenía los estratos inclinados y había inducido cierto deslizamiento y/o desplome de los muros. Las fábricas se ataron con un zuncho de hormigón armado. Las deformadas bóvedas se reforzaron trasdosando las dovelas de los arcos de crucería y las losas de las plementerías de similar manera. Durante la eliminación de las cubiertas de teja añadidas en el ábside, pudimos comprobar que la cubierta, inicialmente había sido de losas, de las cuales todavía quedaban algunas. Considerando la solidez y la durabilidad de esta solución frente a la teja de barro nos inclinamos por reproducirla nuevamente. El resto de la cubierta de teja del ermitorio que sí era disposición original se reparó con la misma solución existente. En el interior se eliminó el inoportuno altar de yeso construido tras la última guerra civil y se abrieron los vanos cegados. Se sanearon los muros eliminando los sucesivos encalados y se volvió a dar una primera capa de cal. Operaciones sucesivas permitieron reparar la hospedería, restaurar los pavimentos y dotar de policromía, nuevamente, a los capiteles. Para entonces Miguel García Lisón había fallecido y colaboraba en la obra Josep Lluís Gil Cabrera.



Las obras enumeradas se realizaron a lo largo de unos veinte años. Siempre con presupuestos muy cortos y fueron realizadas, con gran profesionalidad y cariño, por gente de la zona. Dato aprendido durante las numerosas visitas de obra fue el peculiar microclima del lugar con cambios bruscos de temperatura, y con fuertes vientos. La niebla, la lluvia y la nieve nos hacían creíble que era el lugar de la leyenda de don Blasco.




LA LAGARTIJA DE DOS COLAS



Aquel día fui a la visita de obras que realizábamos semanalmente con el aparejador Paco Brau. Miguel García Lisón, que era el otro arquitecto con el que dirigía la obra, no pudo venir por estar en Barcelona. Miguel era catedrático de dibujo en la Escuela de Arquitectura. Al llegar a la obra nos dimos cuenta que algo anormal sucedía. Los trabajadores habían abandonado el tajo e iban corriendo de un lado para otro. Nos pareció extraño que no acudieran, pero en las obras no se apreciaba ningún problema y nosotros teníamos prisa para llegar a otro lugar.



Volvimos a la semana siguiente. Nada más llegar se nos acercó uno de los trabajadores, y nos dio un resguardo de un billete de lotería. -Esto es lo que le corresponde por lo de la semana pasada-. Les pregunté que era lo de la semana pasada y que estaban haciendo que no nos hicieron caso cuando llegamos. -Fue por lo de la aparición de la lagartija de dos colas-, me dijo como quien resume en dos palabras un comportamiento inevitable y universal. La explicación me dejó asombrado. -Ya sabe ud., que si consigue capturarse una lagartija de dos colas y se introduce en una caja de zapatos cerrada y no se le da comida, la lagartija, antes de morir, escribe con su cola, en un fondo de harina convenientemente preparado, unos números. Si se compra lotería con esta numeración, esta toca-. Los trabajadores habían buscado el número por toda España y a mi me daban una participación.



La historia de la lagartija y de los números me pareció estupenda y llamé aquella misma noche a Miguel. El no sólo fue el mejor dibujante de arquitectura popular que he conocido, sino también era un interesado y un estudioso de todos los aspectos de la etnología. Estaba seguro de que iba a celebrar esta historia. Cuando se lo conté, su respuesta me pareció, al comienzo, una broma. -Arturo, perdona, esa historia es verdad-. Me contó entonces que su padre había sido maestro de escuela en un pueblo perdido del pirineo de Huesca a comienzos del siglo XX. Allí había sucedido algo similar. Todos en aquel perdido pueblo habían comprado la lotería de la lagartija menos el cura y el maestro. Estos habían intentado convencer a la gente, sin conseguirlo, que la historia era una superstición. La lotería tocó y todos se hicieron ricos menos el cura y el maestro, que era el padre de Miguel.



La historia tuvo un nuevo capítulo seis años más tarde. Yo llevaba la tutoría de un viaje de estudios a Italia del curso del Master de Conservación del Patrimonio Arquitectónico de la Universidad Politécnica de Valencia. Uno de los lugares visitados fueron las ruinas de la ciudad griega de Paestum, al sur de Nápoles. Esta ciudad alcanzó su mayor desarrollo en el siglo VI antes de Cristo. Recorrer la enorme superficie de la ciudad y contemplar las ruinas de sus templos fue una experiencia impresionante y, a la vez, agotadora. Finalizada la excursión, que había durado todo el día, al volver al autobús hubo un intercambio y devolución generalizada de bolsas, cuadernos y objetos. -Dale esta lagartija a José Manuel- me dijo alguien. Para mi asombro me acercaron una lagartija de bronce de dos colas. José Manuel Despiau, colega de la Inspección de Monumentos, que nos acompañaba, había comprado la reproducción de un objeto encontrado en las ruinas. Según me explicó después quien le vendió esta “lucentola de due code” le indicó que daba suerte, “buona fortuna”



Que las mismas tradiciones y leyendas que se habían dado en la antigüedad, y en un pueblo del pirineo a comienzos del siglo XX pudiera revivirlas recientemente en Castellfort me resultó asombroso. Creo que pueden sacarse algunas conclusiones. Más allá de las anécdotas, bajo la aparente rusticidad del lugar, existe una profunda cultura. Las formas de los laberintos, que en Castellfort simbolizan el itinerario de una peregrinación, enlazan con otros laberintos del mismo tipo medievales y a su vez con los iniciáticos de la antigüedad. Seguramente no hay que ir a Bruselas para inventar Europa.



ROMERIAS A SAN PEDRO



Mosen José Miralles citando un manuscrito del archivo de Castellfort indica las romerías que acudían a la ermita en 1787: Una procedente de la partida dels llivis y otra de la partida del Moll ambas del término de Morella, así como otras de Catí, Portell, Cinctorres, Ares, Villafranca, Iglesuela y Castellfort.6 Ahora son menos. Destacan la concurrida y alegre de Catí y la severa y profunda de Portell. Ambos gozan de buena salud. En cualquiera de los casos no conozco forma más simpática de ir a rezar al apóstol san Pedro. Por último, y para que no quede la duda debo indicar que no me tocó la lotería de la lagartija. Pero una de las personas relacionadas con la obra, viendo que unos de los números era confuso buscó todas las variables y le tocaron seis millones de pesetas.
























NOTAS







1. José SEGURA Y BARREDA. Morella y sus aldeas. Imprenta de Javier Soto, editor. Morella, 1868. Edición facsímil por la Asociación de'Amigos de Morella y Comarca' (AMYC), Morella 1981.



2. Manuel BETÍ BONFILL. 'La campana de D. Blasco'. Revista de Castellón, ahora en San Mateo, Benifazá y Morella (Notas históricas). Con Edición, notas e índices de Eugenio Díaz Manteca. Sociedad Castellonense de Cultura, Castellón de la Plana, 1978. La presencia de una flor de lis entre los emblemas de los capiteles del ábside podría hacer referencia a Miguel de Lisón, capitán de Blasco de Alagón, alcaide de Morella y testigo firmante de la carta puebla de Castellfort otorgada por Blasco de Alagón en 1237.



3. Doce años antes de la refundición de la campana de San Pedro , un maestro campanero, Guillem Martí, presumiblemente el mismo, fundía en Valencia la campana Micalet que daría nombre a la famosa torre de la Seo de Valencia. Veáse LAZARO FLORO (José SANCHIS SIVERA), Descripción histórica del Miguelete y sus campanas. Establecimiento tipográfico Manuel Pau, Valencia, 1909. Segunda edición bajo el título, El Micalet de la Catedral de Valencia, Ediciones Catedral de Valencia, Valencia 1977.



4. José MIRALLES SALES. 'Notas históricas de la Villa de Castellfort'. Boletín de la Sociedad Castellonense de Cultura, Castellón de la Plana, T. XLII (1966), pp. 100-114, 156-185, 208-248. T. XLIII, (1967), pp. 7-52.



José EIXARCH FRASNO, “Noticies sobre Castellfort”, Boletín de Amigos de Morella y su Comarca, Año IX, 1987-88, pp. 41-45.



Miguel GARCÍA LISÓN Y Arturo Zaragozá Catalán, “Antología Monumental: Ermita de Sant Pere, Castellfort”, (I y II ), Mediterráneo, 14-V-1986 y 21-V-1986.



5. Juan PUIG, Pbro. Historia breve y documentada de la real villa de Catí, Castellón, 1970.



6. José MIRALLES SALES. 'Notas históricas de la Villa de Castellfort'. Boletín de la Sociedad Castellonense de Cultura, Castellón de la Plana, T. XLII (1966), pp. 100-114, 156-185, 208-248. T. XLIII, (1967), pp. 7-52.















Estado actual del entorno de la ermita. Proyecto de restauración de la ermita de san Pedro de Castellfort.



Miguel Grcía Lisón y Arturo zaragozá Catalán







01.-



02.- Planta cenital, alzados este y oeste y detalles de la ermita. Proyecto de …



03.- Planta de pavimento de la ermita. Proyecto de....



04.- Sección transversal de la ermita. Proyecto de …



05.- Alzado lateral del ermitorio. Proyecto de …



06.- Capitel del ábside.



07.- Clave de la bóveda del ábside.



08.- Ábside de la ermita de san Pedro de Castellfort.



09.- Interior de la ermita antes de su restauración.



10.- Exterior de la ermita antes de su restauración.



11.- Vista aérea.



12.- Proyecto de restauración del Peiró d'en Blasco.



13.- Trabajando en las cubiertas del ábside.



14.- Pavimentos de la ermita.



15.- Romería de Catí.











9"

CastellfortDocumento de Microsoft Word - Google Docs

CastellfortDocumento de Microsoft Word - Google Docs: "look up"